Mantis religiosa

 

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Ella estaba paseando, solitaria. Era otoño y tenía en exclusividad una playa entera para disfrutarla. Paseaba tranquila, con la cabeza alta y orgullo en el pecho. Satisfecha de ser quien era.
Cuando llegamos nosotros nos cortó el paso, nos paró en seco, giró 180° su cabeza y nos fulminó con la mirada.
Chano no quiso ni respirar, pero yo, confundiendola por el color con un bicho palo, agarré mi cámara y bajé a saludarla. Cuando me presenté ante ella y comprobé quien era ya era tarde para reaccionar, así que me senté despacito en la arena y quedé inmóvil haciéndole compañía. A ella, independiente y soberbia, no le gustó mi presencia y solo me soportó cuando me dejó claro dos cosas: que nunca más la vuelva a confundir con un insignificante bicho palo, que si ella es marrón es porque ha mudado sobre arena marrón; verde sería si lo hubiera hecho sobre hierba; que su fama y popularidad en el mundo entero se la ha ganado a pulso. que ya quisiera ese bicho tener sus potentes patas raptoras delanteras, orgullo y envidia de todo el reino animal, llenas de espinas para retener a sus presas, patas curtidas de gimnasio capaces de atrapar a otros insectos, arañas, anfibios y hasta aves como el colibrí. Patas que rezan antes de cazar.
Me dijo también que no pica, ni es venenosa, que ella sola es capaz de controlar una plaga de insectos.
Ella es independiente y se siente orgullosa por ello.
También me dijo, al oído, que hicieron correr la voz que se comen al macho cuando se aparean pero esto solo lo hacen menos del 25% de las hembras. Les gusta sembrar miedo y respeto hacia ellas. Viven de su fama voraz y aterradora aunque alguno se empeñé en tenerlas de mascota.
Yo le confesé que también tengo fama de aterradora, pero soy muy sensible y lloro por todo.
Entonces me dijo: fíjate en mi, fíjate bien en mi. ¿Y si yo no fuera el insecto cruel que creo ser? ¿Y si yo en realidad soy una flor?

Se acercó y me abrazó.
Después siguió paseando sobre la fresca arena, exhibiéndose, orgullosa y me olvidó.
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CAMALEÓN DEL SUR

DSC_0053Camaleón del sur!
Maravillados del bicho y del lujo de observarlo.
Y lo más maravilloso aún es que es en casa!!! Igual que en Australia nos deteníamos a observar los koalas, o en Argentina nos comunicábamos con un búho, aquí, en Alicante, en casa, nos hemos deleitado, por primera vez en la vida, con el #camaleondelsur
Elegante y dubitativo al caminar, y a ritmo de vals da dos pasitos hacia delante y uno atrás.
Abre la boca enorme, que le ocupa toda la cabeza, durante 5 ó 6 segundos, después la cierra en seco.
La cola es prensil y es usada como una pata más al caminar.
Y sus ojos, esos OJOS! Giran independientes uno del otro y consiguen una visión de 360°

Hoy nos ha regalado su día. Se ha mostrado en su devenir este que se hace invisible; el observador, el sigiloso, el prehistórico y chistoso camaleón del sur.

… En fin, otro bichejo más a quien amar!!!

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VACA

Una vez a mi ne atropelló una vaca. Fue aquí, en el Chaquito, en Argentina, donde años después construimos nuestra casa, la de ladrillo y rio.

Fue la vaca la que asustada me atropelló.

Yo iba en auto, era la primera vez que me animaba a manejar acá. Era de noche. Iba despacio en in camino de tierra; conducía serena y sola. Ya estaba volviendo para encontrarme con Chano y al doblar la última curva la vaca me atropelló. Asustada ella por la liuz de mis faros embistió contra mi, en la puerta del piloto donde yo estaba sentada con la ventanilla abajo, rompiendo puerta, espejo y el susto de mi vida que me dejó la vaca.

Nuestras caras en el choque se rozaron y, en ese instante, despavoridas como estábamos, nos miramos en la profundidad de nuestros ojos. Ella, un poco aturdida, se fue. Yo quedé llorando en un llanto largo. Y lloré fuerte para no volver a conducir aquí nunca más. Para no querer cruzarme con una vaca nunca más a menos que viniera con chimichurri.


Hoy, muchos años después, la volví a ver.

Esos grandes y curiosos ojos me miraron y la vaca entonces se acordó de mi!vaca y yo

BUHO

Hay quien cree en dios. Hay quien lo hace en Noam Chomsky. Yo, profundamente, creo en el búho.

Este animal superior, salvaje, instintivo e intuitivo, observador, cazador y sabio hace dos años estableció su hogar en un gran árbol de acá, en casa, para nuestro asombro. Vino con su familia y poco equipaje y decidió que este era su lugar, el lugar donde quería estar.

Hace un año nos hicimos amigos, amigos para toda una vida. Chano y yo repetíamos sus movimientos de saludo, sus bailes, y se fijó en nosotros y le caímos bien. Cada día lo esperábamos en su despertar a las 7 de la tarde, no nos perdíamos de vista y vivíamos cada encuentro como algo mágico y, después, necesario.

Aprendimos sus costumbres, sus necesidades. Aprendimos a hablar como él. Y nos mostró mucho y nos enseñó mucho más. Lo vimos comer, cazar, volar, caminar,… qué hermoso y sorprendente caminar felino tiene el búho! y así su imagen quedó sellada en nuestro corazón.

Entonces llegó el momento de volvernos a España, y los búhos también volaron. Todos dejamos nuestro hogar, pero ellos no dejaron rastro. quizá un cazador los asustó, o nos imitaron en el emigrar.

Este año, al volver a Argentina, ya sabíamos que no estaban los búhos. Pero nosotros seguimos mirando hacia arriba, buscando ese imposible de algo bello que ya fué y no volverá. Y nuestra sincera fe creció, creció para mirar cada vez más alto. Cada noche lo hemos llamado, a su hora y en su idioma, con más nostalgia que esperanza.

Y entonces, este salvaje animal, vino. Vino a casa. Vino a reconocernos, a saludar; y cada noche ha seguido viniendo para nuestra dicha y nuestra fe que no se si mueve montañas pero sí que atrae búhos.

Hay quien cree en Alá, Buda o los mil nombres de dios. En el yin y el yang, en lo tangible o en lo efímero, en lo natural, en la razón o en la ciencia. Nosotros somos más de búho, y así simbolizamos nuestra fe.DSC_0585DSC_0595DSC_0651BICHOS