Florencia

Florencia, el síndrome de Stendhal y un frío del carajo es nuestro cóctel por unos días en la más bella ciudad del mundo.
Soy de emoción rápida e intensa, de lágrima fácil, muy sensible y amante del arte. La última vez que lloré ante un monumento la emoción me superó tanto que necesité con urgencia contrarrestarlo con algo muy cotidiano, fue ante el templo de Abu-SimBel en Egipto y lo más cotidiano que encontré a mano fue comerme un bocadillo.
Ahora sé, en Florencia, que esto tiene un nombre, el síndrome de Stendhal, son los síntomas de mareo y palpitaciones que el escritor francés sintió y describió al observar tanta y tan alta belleza, aquí, por eso en psicología lo denominaron así en su honor, también es conocido como síndrome de Florencia.

Esta es la cuna del arte, del Renacimiento y del hombre como centro del universo. Esta es la Florencia que tanto soñé, que tanto estudié y tanto me inspiró. Por eso ando tan emocionada por lo que conozco y por lo que descubro, porque en Florencia hay mucho más de lo que uno espera, solo tienes que saber a dónde mirar.

Mención especial a Rocinante y su westfalia por aguantarnos en estos -7° a orillas del río Erno.

Mención a Chano por dejarse llevar y dejar que le cuente la historia del arte entre anécdotas y tecnicismos y emociones desorbitadas.

Ojo!

Si no les interesa el arte que cambió el mundo, si desconocen la importancia de Florencia y el Renacimiento, si nunca le hablaron de las grandes y poderosas familias mecenas del Arte, si les suena a chino Botticheli o Brunelesqui o no entienden el sentido del nacimiento de Venus o el del mármol de Carrara, no se preocupen, no vayan a los museos, no es su sitio, igual que yo nunca iría a una convención de bomberos o de físicos nucleares .
(Hago esta reflexión después de leer un comentario que se ha hecho viral de un ignorante en el museo del Prado en el que se queja de que allí solo hay pinturas viejunas y religiosas) .

Caminen por Florencia, descubran sus calles dentro y fuera de lo turístico, observen que cada cosa está en su perfecto lugar y déjense asombrar en cada rincón. Miren, nunca dejen de mirar y maravíllense que el arte en Florencia no quedó en el 1500.

Las señales de tráfico son un claro y bello ejemplo. Modificadas por el artista Clet Abraham, no sin controversia en un principio, con originalidad y un toque de humor, ocupan el sentido del arte urbano en el centro histórico de Florencia .
Levanten la vista y disfrútenlas!

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