Bahía de Portmán

Crónica de una muerte anunciada y olvidada.
Esto fue el Portus Magnus, el más grande puerto natural romano ubicado en la costa de Cartagena, fue puerto y bahía y ahora es el mayor desastre ecológico acontecido en toda la historia de España, doblemente grave por los vertidos contaminantes aún hoy sin solucionar y por el olvido al que se lo ha llevado.

Nosotros hemos venido a comprobar con nuestros ojos los desastres del hombre sobre la tierra, para abrumarnos, para quedar impactados por el rumor de su silencio, por el amarillo de sus vertidos que pisamos, y para contarlo y que no siga cayendo en el olvido.

Esto es lo que fue la hermosa bahía de Portmán, ahora desaparecida entre toneladas de vertidos contaminantes, metales pesados, fangos sulfúricos y restos mineros. Los habitantes de la bahía vivían de la pesca y las minas de oro, plata, blenda, pirita,… Desde tiempos de los romanos, hasta que se instaló una empresa francesa “Peñarroya” allá por los 60 para la extracción de minerales a cielo abierto. Esto llevaba un proceso de los metales de lavado de flotación altamente contaminante y cada día y bajo la ausencia de miradas políticas, se vertían al mar toneladas de residuos.
Como las vetas eran malas, la empresa pasó a volar enormes cantidades de tierra y en el lavadero a tratarla con productos químicos para separar los minerales. Una ínfima parte era valiosa. El resto, la tierra mezclada con los reactivos y restos de plomo, zinc, cadmio, una especie de lodo parduzco, se vertía a la bahía. Tiraban 40.000 toneladas al día al Mediterráneo.
Los únicos que se quejaron sin voz fueron los pescadores y durante 30 años esta empresa siguió cometiendo terrorismo ecológico a la vista de todos.
En los 90 la empresa cerró cuando ya no era rentable y greenpeace entró a denunciarla. La empresa vendió la montaña completa a un precio irrisorio y se marchó inocentemente.
Hoy los metales pesados siguen siendo letales para la vida. El paraje es extremadamente sobrecogedor por lo bello que fue, el silencio que pesa y lo más curioso es que había gente veraneando, bañándose bucólicamente en estas aguas de muerte. Lo que parece arena negra son restos de los metales que aún brillan, muy difíciles y costosos de tratar.
Esto es un chiste sin gracia.
Esto es un desastre.
y menos mal que aquí no llueve mucho porque Cuando llueve, el agua arrastra parte de las sales contaminantes, haciéndolas aflorar de nuevo.

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