Aeropuerto sin aviones. Castellón

Quién se acuerda del aeropuerto de Castellón?
Aquella obra faraónica e innecesaria símbolo internacional del derroche y de la
crisis española.
Alguien recuerda a Carlos Fabra? Fue el presidente de la diputación de Castellón, presidente del PP, presidente de Aerocas, sociedad pública promotora del aeropuerto, y seguro que algunos condados más.
El caso es que este señor y sus vasallos decidieron “decorar” lo que ellos creían su palacio aunque no era más que su región. Y tuvieron la brillante idea de construir un aeropuerto aún teniendo a menos de 50 minutos los de Reus y Valencia. La obra comenzó pese a la oposición de ecologistas que en varias ocasiones paralizaron su construcción mediante denuncias en el juzgado por delitos contra el medio ambiente, ya que se construyó sobre terrenos de alto valor ecológico. El aeropuerto se termina en 2010 y en 2011 se inaugura aunque no había fecha prevista para un primer vuelo ni se habían solicitado los permisos de navegación aérea. La inversión total ascendió a 150 millones de euros y el coste aproximado de la gestión de la infraestructura a cargo de las arcas públicas: entre seis y ocho millones de euros anuales durante los primeros ocho años, es decir, alrededor de 56 millones de euros.
Fabra, nuestro propio Nerón moderno, le encarga al escultor Ripollés una estatua que corone este recinto aún sin aviones, estatua de acero y cobre en la que todo el mundo ve reflejado a Fabra, aunque el artista lo niegue. Es una “alegoría de la capacidad creativa del cerebro humano”, que es capaz de concebir inventos y proyectos, la figura representa la “idea” de un avión surgiendo de la cabeza de un ser humano, que tiene mucho parecido con el entonces presidente. 300.000 euros de escultura que debía medir 8 m. pero Fabra la quería grande, mucho más grande, ande o no ande, y el coloso fue creciendo en altura y en presupuesto. Se les fue de las manos, el artista tuvo que poner dinero de su bolsillo, la estatua fue derribada por unos fuertes vientos y hubo que ponerla de nuevo en pie sin nadie asumir la potestad, sufre oxidaciones varias y, además, es horrenda.

En 2013 Fabra se vio forzado a dimitir de su puesto como presidente de la sociedad Aerocas al abrirse contra él juicio oral por cohecho, tráfico de influencias y cuatro delitos fiscales.
Y aquí estamos frente a su obra faraónica, que inútilmente se ha intentado vender a varios postores, que jamás será rentable, que hoy en día un único avión se esfuerza por darle nombre de aeropuerto a aquello. Y nosotros venimos a verlo porque si no no nos lo podríamos creer. No cabe en nuestras cabezas tanto derroche y desigualdad de cuando lo megalomaníaco obtiene poder.
La polémica ya estuvo servida.

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