Zaragoza provincia

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En Zaragoza yo escribiría un libro! y esto es lo que me pasa al conocer los nombres de los pueblos de esta región. Me resultan literarios, casi épicos, con un gran imaginario dentro de las letras de cada nombre. Son nombres que cuentan historias, nombres que tienen voz propia. No hablo de la historia real ni de cómo fue el origen de su nombre, hablo de lo que evocan y me provocan.

Yo vine aquí a conocer restos de nuestra historia. Vine a Fuendetodos a conocer la cuna del maestro, Goya; a beber vino a Cariñena y Calatayud; a Belchite a comprobar nuestra negra historia aún latente. Y me voy con mil libros por escribir con cada nombre que encontré en este camino.

Yo pasaba por aqui. Y estos nombres me atrajeron como un imán.

Y así vamos abriendo una nueva ruta de los títulos de los libros no escritos, la ruta de los nombres literarios en Zaragoza, y para muestra un botón:

Alconchel de Ariza, Lucena de Jalón, Albalate de Cinca, Villafranca del Cid, Adehuela de Liestos, Belmonte de Gracián, El Burgo de Ebro, Albalate del Arzobispo, Samper de Calanda, Peralta de Alcofea, Torralba de Ribota, Fuentes de Jiloca, Almochuel, Vera de Moncayo, Jarque de la Val, Urrea de Jalón, la Puebla de Alfindén, la Puebla de Albortón, Sos del Rey Católico, Luco de Jiloca, el Poyo del Cid, y el más preciado para mi, el que más me provoca y me hace volar la imaginación: la Almunia de doña Godina, que nunca hubiera sido igual si doña Godina se hubiera llamado María, o si la almunia era una simple huerta.

Así vamos abriendo rutas de palabras en Aragón, y tanto abrimos que vinimos a dar aquí con la ínsula de Barataria de la que fue justo gobernador Sancho Panza, de tierras fértiles y abundosas, que la situó Cervantes en Alcalá de Ebro, … y así vengo de un lugar que no es la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme; Vengo de un país inventado, una ínsula de riquezas y abundancias, un lugar tan pequeño como irreal. De promesas es Barataria y de ilusiones salí de allí… y así van volando mis palabras al conocer el nombre de cada pueblo zaragozano.

 

“Digo, pues, que con todo su acompañamiento llegó Sancho a un lugar de hasta mil vecinos, que era de los mejores que el duque tenía. Diéronle a entender que se llamaba «la ínsula Barataria», o ya porque el lugar se llamaba «Baratario» o ya por el barato con que se le había dado el gobierno. Al llegar a las puertas de la villa, que era cercada, salió el regimiento del pueblo a recebirle, tocaron las campanas y todos los vecinos dieron muestras de general alegría y con mucha pompa le llevaron a la iglesia mayor a dar gracias a Dios, y luego con algunas ridículas ceremonias le entregaron las llaves del pueblo y le admitieron por perpetuo gobernador de la ínsula Barataria”

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